CALLAR ES UN PECADO

“Cuando Acab vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas a Israel? Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los baales.” (1Re 18:17 -18)
La paz, en la lógica de un gobierno opresor y corrupto, es que guardes absoluto silencio ante sus atropellos, injusticias, crímenes y abusos de poder. Para ellos cualquiera que denuncie o que por lo menos contradiga la versión oficial es visto como un agitador o un violento trastornador de la tranquilidad. Ese era el caso del rey Acab el incompetente esposo de la malvada Jezabel. Durante su gobierno logró comprar las voces de la mayoría de los profetas de Israel que legitimaban sus atrocidades de gobierno. Sólo la voz de Elías fue la que se le resistió, por lo que el rey lo persiguió por todas partes para matarlo. En el texto que consideramos hoy se registra el encuentro entre Ambos y fíjense en el reclamo de Acab. Ahora resulta que quien perturbaba la “tranquilidad” del país era el profeta por sus denuncias y no el rey por sus atrocidades. Como esta historia se repite donde quiera que exista un gobierno autoritario es bueno que aprendamos las lecciones que se pueden extraer de esta historia bíblica: primero, los gobernantes nunca admitirán la culpabilidad de sus malas acciones y cínicamente inculparán a quienes les adversen así las pruebas contra ellos sean irrefutables; segundo, cuando se tiene la razón y se habla con el favor de Dios una sola voz es suficiente para trastornar la tranquilidad, no de la nación, sino del tirano; y, tercero, una voz que se alza contra toda injusticia nunca será promotora de discordia, al contrario, muchas veces es uno de los caminos posibles que habrán de conducirnos a la verdadera paz. En estos casos, callar es un pecado.
Hno. Martin Somarriba Mejía, Pastor Bautista
7 Mayo 2018

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