HE AHÍ TU MADRE


“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”.( Juan 19:25-27)
¿Habrá algún dolor que sea más grande que el dolor del parto? Le pregunté una vez a una madre. Claro que sí –me contestó ella- no hay dolor más grande en esta vida que el dolor de tener que sepultar a un hijo. Obviamente se trata de dolores extremos pero diferentes, uno es físico que termina con la llegada de una nueva vida al mundo. El otro, en cambio, es del alma ante la pérdida del hijo y que acompañará el corazón de la madre hasta el final de sus días. No es difícil entonces imaginar cómo estaba el corazón de María, la madre de nuestro Señor, al pie de la cruz teniendo ante sí el destrozado cuerpo de su hijo. Por eso, ante la imposibilidad de poder él mismo confortar y consolar a su propia madre le encomienda a su amigo amado la tarea de hacerlo. En el mes de las madres nicaragüenses tenemos no menos de cincuenta madres que hoy sufren el dolor inmenso de haber sepultado a sus hijos y otra gran cantidad que los buscan con desesperación en hospitales, cárceles y centros policiales. Nuestro Señor Jesús echó mano de su amigo Juan para que consolara a María. Hoy se fija en nosotros para decirnos como a Juan que seamos agentes de consuelo y de solidaridad a esas madres. Ser indiferentes a su dolor, a su clamor de justicia y olvidar el sacrificio de sus hijos martirizados es desatender la voz del Señor que nos dice: He ahí tu madre.
Hno. Martin Somarriba Mejía, Pastor Bautista
15 Mayo 2018

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