LA PAZ DE CRISTO
“No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa.” (Mat 10:34 -36)
Nuestro Dios es un Dios de paz. Jesucristo, nuestro Señor, es llamado el príncipe de paz. Él mismo le dijo a sus discípulos las expresiones más alentadoras acerca de la paz: ”mi paz os dejo, la paz os doy, no como el mundo la da yo os la doy”. Pero qué es la paz de Jesucristo? En términos concretos y aplicables a la vida real, que es para lo cual el Señor nos ha dado su palabra entera, que implicaciones tiene? En el texto de hoy encontramos una luz que nos ilumina en este tema. Jesús dice que no ha venido a traer paz a la tierra, sino espada. Esto significa entonces que la paz que enarbolamos a veces, sobre todo para evadir nuestra responsabilidad de salar e iluminar el mundo, no es la paz que el Señor nos ha dado. Significa que la paz que encontramos por la fe que hemos puesto en Jesús no es algo decorativo, ni inactivo. No es para adormecernos en la vida con un poco de religión. La Palabra de Dios, y el evangelio en particular, confrontan el pecado en todas sus formas y las leyes puestas por el hombre sobre todo cuando estás son injustas. Dios no es algo abstracto, ajeno a las complicaciones de esta vida, no es algo vacío, no es neutro. Él no es indiferente al sufrimiento de quienes padecen violencia y espera que sus discípulos tampoco lo sean. Pero no es que Jesús quiera dividir a los hombres, al contrario, Jesús es nuestra paz. Pero esta paz no es neutralidad, no es consenso a toda costa. No es la paz de los sepulcros, ni la paz que soporta en silencio la opresión y el atropello, ni la que se aísla indiferente al dolor de los demás. Seguir a Jesús implica renunciar al mal, al egoísmo, a la mentira, al engaño manipulador y elegir el bien, la verdad, la justicia, incluso cuando eso exige sacrificio y renuncia a los propios intereses, a nuestra propia comodidad. Y eso, obviamente, divide, lo sabemos, divide incluso los vínculos más estrechos como los de la familia. Y no es Jesús quien divide. Él simplemente pone el criterio: o vivir para sí mismo, o vivir para Dios que es vivir para los demás; obedecer al propio yo, u obedecer a Dios. Siento mucho que algunos se molesten con algunas de mis reflexiones. Pero ya Pedro se lo dijo a los opresores de su tiempo: Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres. Que el Señor te inquiete con su paz.
Hno. Martin Somarriba Mejía, Pastor Bautista de la CBN
Mayo 25, 2018
Comentarios
Publicar un comentario