NI SU CONSEJO, NI SU CAMINO, NI SUS ESCARNIOS
"Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;" (Salmos 1:1 RV60)
La Biblia es un libro lleno de bendiciones. Estas bendiciones no son más que los mejores deseos de dicha de parte de Dios para todo ser humano. Pero esa dicha, esa felicidad, ese bienestar que Dios desea para nosotros no es algo que se produzca de la nada como por arte de magia, sino que cada quien tiene que procurársela apropiándose de los consejos que Dios le proporciona para conducirse entre sus congéneres. En este versículo del salmo 1 menciona tres calificativos que en realidad aluden a un solo tipo de personas cuyos ámbitos debemos evitar para que la dicha de Dios sea efectiva en nuestra vida: "malos, pecadores y escarnecedores". A estos los encontramos en abundancia en nuestros días por doquier en organizaciones de toda naturaleza y ya no digamos en las estructuras de gobiernos donde se vuelven altamente nocivas. El consejo bíblico aquí es, primero, no andar en sus consejos, es decir, no dejarse hipnotizar con su retórica falaz, ni tragarse fácilmente sus discursos llenos de mentiras y de engaños. Segundo, no estar en sus caminos, es decir, no hacer lo que ellos hacen impulsados por su maldad y, tercero, no participar de sus escarnios, es decir, no ser cómplices ni complacerse con las ofensas, la sorna y el atropello violento con que suelen despreciar a quienes no son como ellos, se les resisten y hasta les reprenden, como ha sido el caso de los tantos detenidos arbitrariamente con violencia y negándosele todo acceso a la justicia o el acoso a los clérigos y templos católicos y a los líderes campesinos que tienen años de padecer persecuciones y asesinatos en su contra. En condenar estas cosas y tomar distancia de ellas, en esto radica la bienaventuranza del salmo primero.
Hno. Martin Somarriba Mejía
20 de Julio 2018
La Biblia es un libro lleno de bendiciones. Estas bendiciones no son más que los mejores deseos de dicha de parte de Dios para todo ser humano. Pero esa dicha, esa felicidad, ese bienestar que Dios desea para nosotros no es algo que se produzca de la nada como por arte de magia, sino que cada quien tiene que procurársela apropiándose de los consejos que Dios le proporciona para conducirse entre sus congéneres. En este versículo del salmo 1 menciona tres calificativos que en realidad aluden a un solo tipo de personas cuyos ámbitos debemos evitar para que la dicha de Dios sea efectiva en nuestra vida: "malos, pecadores y escarnecedores". A estos los encontramos en abundancia en nuestros días por doquier en organizaciones de toda naturaleza y ya no digamos en las estructuras de gobiernos donde se vuelven altamente nocivas. El consejo bíblico aquí es, primero, no andar en sus consejos, es decir, no dejarse hipnotizar con su retórica falaz, ni tragarse fácilmente sus discursos llenos de mentiras y de engaños. Segundo, no estar en sus caminos, es decir, no hacer lo que ellos hacen impulsados por su maldad y, tercero, no participar de sus escarnios, es decir, no ser cómplices ni complacerse con las ofensas, la sorna y el atropello violento con que suelen despreciar a quienes no son como ellos, se les resisten y hasta les reprenden, como ha sido el caso de los tantos detenidos arbitrariamente con violencia y negándosele todo acceso a la justicia o el acoso a los clérigos y templos católicos y a los líderes campesinos que tienen años de padecer persecuciones y asesinatos en su contra. En condenar estas cosas y tomar distancia de ellas, en esto radica la bienaventuranza del salmo primero.
Hno. Martin Somarriba Mejía
20 de Julio 2018
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