ORACIONES RECHAZADAS


“A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;”( Luc 18:9 -11)
La oración es la parte más maravillosa de la vida cristiana. Es un recurso extraordinario para recibir fortaleza, sabiduría y guía en tiempos de crisis. Es por medio de ella que tenemos el privilegio de hablar con nuestro Padre Celestial. A Dios le agrada que oremos, pero no toda oración le es agradable y algunas más bien las rechaza. El pasaje de hoy es un claro ejemplo de las oraciones que son rechazadas por Dios. Se trata de la oración farisaica que es fruto de un corazón lleno de orgullo y de podredumbre. Jesús llamó a los fariseos “sepulcros blanqueados”. Dios nunca aceptará la oración de personas que en primer lugar confían en sí mismos como justos y que menosprecian a sus semejantes. Son oraciones que hacen solamente para ser vistos y ocultar la maldad abundante que cargan en el alma. La oración que no va acompañada de una actitud que refleje verdaderamente el amor a los semejantes, que es el más elevado principio del cristiano, es una oración infructuosa. Vemos pues que no todo el que ora es porque es bueno por más que quiera aparentarlo. Lo que define su verdadera realidad son sus actos no su piedad. Últimamente hemos visto cómo han convertido los actos cristianos más sublimes y bellos como la oración, en un instrumento de manipulación. Las oraciones de aquellos que las hacen públicas por la mañana y al caer el día son capaces de disparar a sus semejantes, son oraciones infructuosas, al mejor estilo de los fariseos, por esta palabra sabemos que Dios las rechaza.
Hno. Martin Somarriba Mejía, Pastor Bautista
8 de Mayo 2018

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